Llamada la ciudad de las siete colinas, Lisboa se descubre al deambular por sus explanadas rodeadas de cafés, restaurantes, kioscos y bancos donde se sientan los autóctonos y departen sobre temas que parecen secretos de Estado. Sus callejuelas serpentinan, suben y bajan como en un dedal, ofrecen una sucesión de edificios prestigiosos de la época de reyes y navegantes. Al caer la noche, el Barrio Alto (el barrio bohemio de la ciudad) abre las puertas de sus bares de diseño y sobretodo de sus tabernas tradicionales, donde el fado se deja sentir liberando las pasiones más profundas tanto de los clientes habituales como de los visitantes. Ávidos de modernidad, los jóvenes lisboetas se reúnen en los muelles frente al Tajo, hasta el amanecer. Lisboa es una de esas ciudades que cambia de atmósfera y de color a merced de la luz del día. Bienvenidos a esta hermosa ciudad, colorido centinela de la Europa occidental, donde los latidos del corazón de sus habitantes baten con un sentido innato amable y hospitalario.
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