Después de trece años de democracia, Sudáfrica es una país joven, en constante construcción, que busca una nueva identidad entre razas, idiomas y acontecimientos pasados.
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Con una policromía que palpita como ninguna otra en el continente africano, este territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados ofrece algo más que extensas regiones costeras e inmensas praderas septentrionales. El Cabo de Nueva Esperanza, Cape Town, puerto legendario de marineros y punto de encuentro entre dos océanos, es actualmente el reflejo de una Sudáfrica radiante y de una calidad de vida que inspira al resto del país. Cape Town (en español también conocida como Ciudad del Cabo) goza de un clima templado que invita a las fiestas, y que tiene una influencia particular en el carácter de su gente: cálida, abierta y comunicativa. Nelson Mandela, prisionero político y primer presidente de una patria liberada, quiso convertir al país en un modelo ejemplar y en el motor de todo el continente africano. Ahora ésta es la tarea de los jóvenes de la nación, para quienes el apartheid no es más que una idea abstracta… Una generación mestiza de disc-jockeys que reivindican las antiguas culturas Xhosa y Zulú, y de hijos de afrikáners que aprenden en prestigiosas universidades que la historia de su continente no comenzó con la llegada de un barco europeo a sus costas… Además de la hermosa ciudad de Cape Town, el país ofrece unas de las regiones más sublimes del planeta: viñedos que se pierden en el horizonte y una tierra cuyo subsuelo glorioso (Sudáfrica explota el 20% del oro mundial) parece germinar en la superficie.
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