Cuna del Occidente, la Grecia que nos vio nacer es un país de infinitos contrastes. La sabiduría se esfuerza por salir de la esfera del logos que la ha revelado. La democracia aguarda hasta 1974. La lengua vacila hasta 1976 entre demótica y katharevousa. Y la nación se esfuerza por entrar en una Europa que ella misma siempre ha precedido. Sueños helénicos alimentados del recuerdo de Felipe y Alejandro. Fluctuación entre un pasado prestigioso y un futuro por realizar. Como si, del inmenso legado concedido al Occidente, Grecia sólo hubiese guardado para sí misma la antigua disputa metafísica entre Parménides y Heráclito sobre el ser y el devenir. Pero esta fisura que atraviesa a la Grecia de hoy es justamente lo que la hace tan hermosa, tan humana… Olvidando los sueños de conquista, ella espera con los pies en la tierra y construye alegrías. Campeones de Europa que reciben al visitante en islas paradisíacas. Hombres orgullosos y generosos atentos a la risa de los niños. Después de Ares y Atenas, es bajo la señal de Dioniso que vibra la Grecia de hoy en día. Fiestas y amores inspirados, con sabor a mar y a horizonte. Rodeado de ninfas… murmura el dios nómada del Olimpo.
Regresar a la introducción...