Ubicada en el Mar Caribe, entre Cuba y Puerto Rico, La Española es la segunda isla más grande de la Antillas Mayores. Ésta comprende los estados de República Dominicana (48.730 km2) y Haití. Fue allí que se construyeron la primera catedral, el primer hospital y la primera universidad del Nuevo Mundo…
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Dividida en sus orígenes por ganado abandonado, son muchos los que quisieron (y aún quieren) apoderarse de sus tierras. Españoles, franceses, ingleses, piratas, corsarios de la isla de la tortuga y de otras latitudes, estadounidenses ávidos de azúcar y políticos sin escrúpulos. Codiciada por todos y muchas veces maltratada, La Española lleva con orgullo los colores de una historia llena de tormentas y leyendas. De este pasado ahora olvidado, la República Dominicana sólo conserva las flores de las influencias indígenas, españolas y africanas. En este paraíso del Caribe convergen mestizajes profundos, hermosas promesas, mucho sol, música a toda hora, un ron exquisito y las mejores playas de arena blanca bordeadas de cocoteros… Ahora comprendemos por qué la República Dominicana está a punto de convertirse en el primer destino turístico del Caribe, después de Cuba. Un pedazo de tierra arrojado en uno de los mares más hermosos del planeta. Sonrisas con sabor a azúcar y voces mestizas que cantan melodías que se reinventa cada día. Aquí todo resuena y se extiende a otros horizontes. Las risas y los cantos parecen cubrir todo el Atlántico hasta llegar a las costas occidentales de África… y encontrar allí un eco que los ha precedido desde siempre. Los dominicanos ríen. Es una risa que invita, más allá de los mares, a venir a descubrir un lugar que un cierto capitán portugués describió como “la tierra más bella jamás vista”.
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