Antigua tierra de acogida y encuentros, desde los beréberes hasta el pueblo árabe, Marruecos se ha esforzado por conservar un espíritu abierto y poseer una riqueza cultural sobresaliente. Anclada en las tradiciones de antaño, pero resuelta a avanzar hacia el futuro, este país de África del Norte, es a la vez de contrastes y de maravillas ¡Un destino ineludible!
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Ubicado entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, y dominado por la cordillera del Atlas, Maghrib al-‘aqsa le ofrecerá una hermosa sinfonía de colores y paisajes durante su estadía lingüística. Desde 1956, Marruecos se ha empeñado en afirmar su personalidad y mantenerse como dueño de su propio destino. Su apertura al mundo occidental y su deseo de modernidad, han lanzado al país a una carrera ininterrumpida por modelarse una nueva cara y hacerse a una nueva identidad. Sin embargo, entre el Marruecos oceánico, ampliamente abierto hacia el oeste, y el Marruecos del Sahara, marcado por el contraste de los oasis y los impresionantes espacios abiertos, se levanta la montaña donde “la libertad se mantiene salvaje e inalterada”. Todo un símbolo. De este modo, desde Agadir hasta Oujda, pasando por su capital, Rabat, usted descubrirá la diversidad de un país que, a lo largo de los siglos, siempre ha sabido conservar sus tradiciones. En Marruecos, usted se convertirá en testigo de un modo de vida paralelo, de un pueblo que respeta a sus ancestros, incluso en las actividades más cotidianas. Un pueblo que, si usted sabe escuchar, le contará con benevolencia su historia y sus creencias. Aléjese de las grandes avenidas e intérnese en el ambiente de la Medina, entre los tesoros de las especias, los encantadores de serpientes y las galerías multicolores. Si usted recorre las pequeñas y recónditas calles en compañía de sus amigos de la escuela, podría llegar a la puerta de un palacio Mérinide, rodeado de suntuosos jardines. Cuando arriba el frescor de las noches marrocas, un aire de fiesta se propaga por cada calle. Cafés, restaurantes y clubes siembran su espontaneidad y buen humor, de manera contagiosa, entre los habitantes y los turistas. No importa si usted escoge la tranquilidad de un ‘patio’ o las pistas de baile de una discoteca de moda, el buen ambiente le acompañará ¡hasta el final! Algo digno de un cuento de “las mil y una noches”. Marruecos le promete una estadía lingüística generosa, llena de maravillas y de contrastes sobrecogedores.
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