Italia tiene de todo: pintura, pizza, papas, polenta, poetas, pastas, potentados, panetones, panninis, palacios, parmesano, Piaggio, padrinos y pomodoro, por mencionar solo un ínfima parte del patrimonio de esta península.
Dejémosle al César lo que es del César: Tres milenios de historia y de cultura en el primer plano mundial lo que brinda a Italia un aura que se extiende hasta los lugares más recónditos del mundo. De hecho, a pesar de la gigantesca diáspora de su población, la identidad italiana sigue invariable y se distingue por esa mezcla de elegancia, buen gusto y pasión que tiene la capacidad de seducir casi a todo el mundo. Visitar Italia es ante todo darse placer. El país desborda de riquezas: ruinas romanas, maravillas del Renacimiento, pueblos medievales, magníficas iglesias e idílicos paisajes tanto al borde del mar como en la montaña. Placeres más elementales como la comida, el vino y la «dolce vita» vienen a completar la estadía en Italia y a darle cuerpo al encanto de hablar italiano.
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