No hay otro país en el mundo que se crea conocer tan bien como éste, aun cuando nunca se haya puesto un pie en él. No hay una democracia en el mundo que sea capaz de desmaterializar, desde el primer contacto, todas las ideas preconcebidas que se puedan tener. De California al estado de Nueva York, de la Florida a Hawai, las realidades estadounidenses sobrepasan siempre cualquier expectativa.
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Este territorio de extremos y de tradiciones se reinventa a cada instante. La sobrecogedora belleza de su naturaleza de espacios abiertos infinitos, se combina con la majestuosidad de sus babilónicas ciudades. La cuna de Abraham Lincoln y del
blues, se erige como un desafío ante cualquiera que trate de definirla a la ligera. Estados Unidos, desde hace poco más de dos siglos, se construye sobre las bases de los millones de sueños que lo atraviesan. Patria de apátridas, de inmigraciones sucesivas, de culturas de todas partes puestas al servicio de un proyecto colectivo. Los Estados Unidos de hoy le deben mucho a aquella utopía inicial, aquella de la libertad de las tierras conquistadas, de una comunidad unida. Desde los
lofts de Manhattan, donde se imagina la música del mañana. Hasta las interminables playas de la Costa Oeste. Resulta ser un país para disfrutar en plural. Poco importa lo que se busque, del reposo total al más intenso frenesí ¡absolutamente todo! se termina encontrando. En Estados Unidos abundan sitios de visita casi obligados, la ruta 66 que une a Chicago con Los Ángeles, los Everglades en Florida o las colinas pavimentadas de San Francisco. Es definitivamente difícil salir indemne de este concentrado de mundo.
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